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Si querés llorar, llorá

Aunque goza de mala fama, el llanto tiene varios beneficios para la salud. Ya sea por tristeza o alegría, es liberador.

DANIELA BLUTH


"¿Otra vez llorando?", le pregunta Sergio (42) a Mariela (39) cuando al abrir la puerta de su casa la encuentra tirada en el sillón del living llorando mientras mira Sintonía de Amor en el cable por enésima vez. Es que esa escena final, con Meg Ryan y Tom Hanks en la terraza del Empire State "es de las mejores que ha dado el cine romántico", argumenta ella, con la nariz roja y abrazada a un almohadón. Sabe que es ficción, incluso sabe el final (feliz), pero no puede evitar las lágrimas.

Históricamente, llorar tiene mala fama. Sin embargo, esta situación está empezando a cambiar con la ayuda de la evidencia empírica. Cada vez más investigaciones médicas y psicológicas afirman que el llanto es beneficioso para la salud, además de ser una buena y natural manera de liberar estrés y frustraciones.

"No es bueno reprimir el llanto", dice la licenciada Mariana Alvez Guerra, especialista en psicología positiva. "El gran abanico emocional que se encuentra a nuestra disposición existe porque cumple un rol fundamental. No podemos ni debemos privarnos de ninguna emoción", explica. Sin embargo, advierte que en la sociedad de hoy existen dos vertientes en torno al llanto, y ambas son negativas y extremas: "Una que dice que tenés que llorar y estar mal bastante tiempo ... y otra que dice que no tenés que llorar a pesar de que las cosas no funcionen". En ese sentido, la psicóloga reivindica la posibilidad de no quedarse atado al dolor eternamente ni tampoco ocultarlo, forzándose a ser feliz.

Igual que la risa o la ira, el llanto es una de las tantas formas de expresión y comunicación del ser humano. "Es un mensaje no verbal que invita a una respuesta de acompañamiento, comprensión, contención, consuelo o alivio. El problema es que no siempre es bien recibido o bien visto por los adultos", escribió la psicóloga y psicoterapeuta Maritchu Seitún en una columna para el diario argentino La Nación. Las razones por las cuales llorar son muchas, y entran en juego desde el dolor, físico o emocional, hasta la alegría, pasando por la angustia, la tristeza, la desilusión, el temor, la soledad, la emoción y la rabia. Para Seitún, mucho más peligroso que llorar es no hacerlo: "Dejamos de llorar cuando nos rendimos o perdemos la esperanza: llegado ese punto, se acaban las lágrimas".


Sentir.


Cuándo, cuánto y cómo lloramos también habla de nuestra forma de ser. Y de nuestra crianza. Así las cosas, aquellas personas que no saben qué hacer con sus emociones tienden a comportarse de manera fría o a la defensiva, explica Alvez Guerra. "¡Porque no saben actuar de otra manera!", justifica.

"Llorar mucho o poco está conectado con el nivel de inhibición emocional de cada uno", advierte la psicóloga. "Hay personas que reprimen el llorar por varias razones, porque no quieren mostrarse débiles, porque se avergüenzan, porque se encaprichan con que tienen que poder con todo solas y no quieren mostrarse vulnerables. Las personas que poseen una inteligencia emocional más desarrollada, las que además son más empáticas, son quienes lloran sin tanto prejuicio y se dan el lujo de un buen llanto viendo una película, escuchando una canción u observando la naturaleza", distingue.

La psicóloga argentina Seitún explica que una buena parte de nuestra relación con el llanto es anterior a aquello que podemos recordar y poner en palabras, "por lo que con facilidad podemos repetir ese pasado sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo". Ejemplos de ello, sobran. Desde la mentada frase "los hombres no lloran" hasta la tan frecuente queja de los padres al decir "mi hijo es muy llorón".

Para Alvez Guerra, creadora del Club de los optimistas, sería recomendable que los padres le dieran a sus hijos, sobre todo a los varones, cabida para expresarse. "Para permitirles llorar, para abrazarlos mucho y demostrarles que ser sensible y expresar lo que sienten y necesitan no los hace menos hombres, al contrario, los hace mejores seres humanos en términos de inteligencia emocional", dice.

Sea de angustia o alegría, el llanto es liberador, coinciden los expertos consultados por Domingo. En el primer caso, con las lágrimas fluyen emociones reprimidas, tensiones, estrés, dolor. Por eso, muchas veces después de un arranque de llanto prima la calma. Cuando es de felicidad, llorar es el vehículo para liberar una alegría intensa, la empatía ante una determinada situación o, simplemente, la consecuencia de mucha, mucha, risa.

"Mientras más nos conectemos con nuestro ser y con nuestras emociones, más sencillo es sentirse cómodo llorando y más fácil es liberar tensiones también", dice Alvez Guerra. Por eso, con experiencia a cargo de terapias individuales y grupales, recomienda "invertir tiempo" en conocerse, quitarse los prejuicios autoimpuestos y preguntarse qué es lo que queremos y sentimos. "No hay que quedarse solo con los mandatos sociales o familiares, que suelen pesar demasiado en nuestra vida. Si nos damos el permiso de ser más auténticos y reprimirnos menos, vamos a fluir mejor en nuestro mundo emocional y vamos a poder expresarnos sin tantos tapujos".


Físico.


Más allá de lo emocional, incluso más allá de la nariz colorada o el enrojecimiento de las mejillas, está científicamente comprobado que llorar también tiene efectos positivos a nivel físico. Uno de esos beneficios está, directamente, ligado al corazón, ya que aliviar tensiones tiende a bajar la frecuencia cardíaca. "Es un beneficio puntual y pasajero, pero todo lo que sea liberar tensiones y angustia es bueno para el corazón", asegura el cardiólogo Mario Zalarayán, director ejecutivo de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular.

Según un estudio del bioquímico William Frey, del Centro Médico St. Paul-Ramsey de Minnesota, en Estados Unidos, el llanto ayuda a mejorar el estado anímico de las personas. "Cuando las lágrimas son emocionales, nos permiten liberar sustancias estresantes tales como cloruro de potasio y manganeso, endorfinas, prolactina, adenocorticotropina y sal, entre otras. Éstas suelen dañar nuestro organismo ya que se caracterizan por ser estresantes. Por eso, expulsarlas del cuerpo es bueno", explicó el científico norteamericano.

Asimismo, las lágrimas activan determinadas hormonas, como la adrenalina (encargada de estimular el sistema nervioso) y la noradrenalina (conocida como la hormona del estrés), generando un efecto relajante en el organismo y, a la vez, eliminando algunas sustancias depresoras generadas por la tristeza, dice Alvez.

Por más banal que parezca, llorar también es beneficioso para los ojos, ya que las lágrimas ayudan a limpiarlos cada vez que parpadeamos, los mantienen húmedos y favorecen una visión saludable. Como reza el dicho popular, ver para creer.


"Los hombres no pueden llorar".


Aunque médicos y psicólogos consideran que es un concepto dañino, la frase "los hombres no lloran" todavía suena con frecuencia.

"A veces, la sociedad es muy dura con los hombres", dice la licenciada Mariana Alvez Guerra, especialista en psicología positiva. "Se les enseña a ocultar sus emociones, a no contactarse con ellas porque sino su hombría se cuestiona. Y muchos compran ese discurso de inhibición emocional que termina causando tantos problemas", opina.

El cambio, advierte, debe empezar por los padres con sus hijos.


Lágrimas frente a la gran pantalla.


Desde bebés, los seres humanos se comunican a través del llanto. Y este patrón se mantiene en la vida adulta, cuando llorar también es una forma de visibilizar los sentimientos. Para la psicóloga Mariana Alvez Guerra, las personas que "se dan el lujo de un buen llanto viendo una película o escuchando una canción" tienen una inteligencia emocional más desarrollada y son más empáticas. Tras años de investigación, El campeón fue seleccionada por los científicos James Gross y Robert Levenson entre 250 films como la película que más fácilmente lleva al llanto.

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Aceptar las emociones para ser feliz
02/Oct

Aceptar las emociones para ser feliz

Todos los sentimientos, incluso la rabia o enojo, cumplen un objetivo. Reconocerlos y no negarlos, a pesar de que generen sufrimiento, finalmente genera más bienestar