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Ser optimista ayuda en el Trabajo

Las personas exitosas suelen ser optimistas, una perspectiva que implica beneficios para su propia carrera, la resolución de conflictos en la oficina y también beneficia a las empresas.

¿Qué suelen tener en común las personas exitosas en el ámbito laboral? En general son optimistas, un rasgo que favorece la productividad y sus carreras, al tiempo que también beneficia a la empresa para la cual trabajan.

"El optimismo es un rasgo común en las personas exitosas. Cuando encaramos nuestro trabajo con optimismo nos sentimos más motivados, más productivos y comprometidos con la empresa en donde trabajamos", resume Mariana Álvez, directora de Centro Psicología Positiva Uruguay.

Los optimistas suelen sentir un estado flow, término acuñado por Mihaly Czikszentmihalyi, referente de la psicología positiva, para caracterizar al estado mental en el que la persona logra una inmersión plena en la actividad que está ejecutando. "En este estado hay un alto nivel de concentración y motivación, es un factor fundamental para el despliegue de la creatividad", señala la especialista.

Ocho de cada diez personas tiene una tendencia al optimismo, dice, por su parte, Tali Sharot, neurocientífica y profesora de Psicología Experimental del University College de Londres, en su charla TED sobre por qué nuestros cerebros tienden a volvernos personas optimistas.

"Tres de cada cuatro británicos dicen que son optimistas sobre su futuro y el de sus familias. Eso corresponde al 75%. Pero solo el 30% piensa que las familias en general están mejor que en generaciones anteriores. (...) Somos optimistas sobre nosotros, sobre nuestros hijos, sobre nuestras familias, pero no somos tan optimistas sobre la persona que se sienta al lado nuestro".

Además de mejorar la productividad, los trabajadores optimistas son capaces de asumir las dificultades con perseverancia y de afrontar la adversidad con resiliencia. "Son empáticos, activos y tienen buena inteligencia emocional. Estas habilidades los ayudan a la hora de tener que enfrentarse con problemas ya que suelen ser más creativos, no se ahogan en un vaso de agua, ven los problemas como oportunidades y desafíos", afirma Álvez.

Eso redunda también en que se beneficie su carrera porque suelen ser mucho más perseverantes y flexibles que el resto. En general se adaptan mejor a los cambios o nuevos aprendizajes y confían en sus destrezas. Además, su inteligencia emocional les permite confiar en sus habilidades y saber que las cosas malas son temporales y no tienen el poder de contagiar otras áreas de su vida que sí están funcionando. "Los optimistas inteligentes suelen juzgar la realidad de una manera justa, comprenden sus debilidades y trabajan en ellas, al mismo tiempo que maximizan sus fortalezas y las utilizan a menudo. Además se ha demostrado científicamente que las personas optimistas son las que disfrutan de mayores logros, pueden manejar eficientemente el estrés, tienen una buena vida emocional, cuentan con mejor salud y también viven más que los pesimistas", señala la directora del Centro Psicología Positiva Uruguay.

Los empleadores no son ajenos al fenómeno. Al existir una mayor productividad también mejoran los resultados para la empresa, hay una mayor satisfacción en los clientes y una imagen corporativa más positiva, lo que conduce a que los directivos se sientan más contentos y tengan más ánimos y una mejor disposición diaria para relacionarse e interesarse en los empleados. "Tienen un mayor rendimiento, más compromiso con su trabajo, mayor satisfacción laboral y se apasionan con lo que hacen", concluye.

¿Y los pesimistas?

Aunque algunas personas digan que es mejor ser pesimista que optimista, ya que así cuando ocurre algo bueno solo podrá ser una feliz sorpresa, Tali Sharot está en desacuerdo. "Hay estudios que analizan a alumnos con altas y bajas expectativas. Y se vio que cuando la gente tiene altas expectativas y les va bien, lo atribuyen a sus propias características. `Soy un genio, por eso me saqué una A y esto me sucederá siempre en el futuro`. Cuando les va mal, no es porque sean tontos, sino porque el examen era injusto. La próxima vez lo harán mejor".

En cambio, las personas con bajas expectativas piensan que si les va mal es porque no son capaces y cuando les va bien es porque el examen era especialmente fácil. La próxima vez no será así. "Con el paso del tiempo -agrega el psicólogo social Ariel Quezada- quienes suelen ir en la vereda del pesimismo terminan por hacer menos acciones y esfuerzos, lo que redunda en menos resultados. De paso, emocionalmente los pesimistas sufren más dado que, según su percepción, todo lo que viene por delante necesariamente será peor".

Eso sí, ser positivo no quiere decir alejarse de la realidad. "No significa negar la realidad o ignorar las dificultades, sino que el optimismo implica predisponerse a que el resultado va a ser favorable". Con información de El Mercurio/GDA

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