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El amor en los tiempos de apps

Más vinculadas a la conquista y al sexo casual, cada vez hay más personas que se animan a vínculos duraderos por Tinder o Badoo.

Beatriz (42), empleada administrativa, se hizo una cuenta en Tinder "a sugerencia de un amiga". Carlos (39), docente, hizo la suya por iniciativa propia. Ambos tuvieron un comportamiento bastante habitual, al menos de la boca para afuera, a la hora de reconocer que se es usuario de esta aplicación disponible en los smartphones con el objetivo de conseguir una cita. Los hombres, en general, no tienen inconveniente en reconocer que bajan esta app de "levante", porque ellos quieren, justamente, levante. Las mujeres, en cambio, casi siempre dicen que "les sugirieron", "les insistieron" o "les recomendaron" hacerse un perfil.

Tinder tiene fanáticos y detractores. Uno elige o descarta a su posible pareja, deslizando el dedo en la pantalla del celular hacia un lado u otro. Recién si hay una coincidencia entre dos personas (ambos se gustaron), se empieza un chat. Para unos, es una forma cómoda, rápida y divertida de conocer gente. Si ambos se escogieron, medio camino ya está recorrido. Pero no todo son elogios: en varios sitios fue descrita como "espeluznante", dada la velocidad con que una persona se conoce y también se puede descartar.

"El número de usuarios de estas apps ha aumentado. Es una práctica que se ha ido normalizando, hace diez años se hacía a hurtadillas", dice Roberto Balaguer, psicólogo especializado en redes sociales. En algún momento fue el ICQ y luego MSN. La película La red social mostró que Facebook originalmente fue creada también con este objetivo. En algún momento, se pensaba en estos sitios como un gueto para antisociales incapaces de romper el hielo cara a cara. "Hoy no es políticamente incorrecto conocer a alguien por Internet. Eso se debe a que la masa crítica de usuarios aumentó considerablemente”

Como sea, Beatriz y Carlos, ambos montevideanos, están embarcados en una aventura de esas que no dan muchos detalles: están intentando algo juntos desde marzo. ¿Por qué pocos detalles? Porque estas aplicaciones siguen estando más vinculadas al touch and go, pero no tanto para algo "serio". O al menos, esto es así para esta parte del mundo. En Estados Unidos, según la revista Time, 38% de quienes se describen como "solteros y en busca" han utilizado un programa online de citas; de ellos, casi la cuarta parte ha encontrado aquí, por lo menos, una pareja de largo aliento.

Carlos quería levante. "¿Querés que te diga la verdad o no?". Con Beatriz se dio lo habitual: corazón de uno en el perfil del otro (en una lista de preseleccionados por sexo, edad y distancia), corazón del otro en idéntica situación, It's a match!, chateo, pasarse el WhatsApp o el contacto por Facebook (o ambos), más chateo, arreglar para verse, gustarse... Vio que con ella daba para algo más y siguió. Ambos venían de separaciones recientes. "A mí me entró por la labia", dice ella. "Labia" quizá no sea la mejor palabra, porque quedó enganchada en la etapa del chat (o sea, la palabra escrita). En todo caso, la verdadera conexión empezó a darse cuando se encontraron frente a frente. Hay cosas que no pueden sustituirse.

"Cuando vos tenés más de cuarenta años se te complica para conocer gente", dice Patricia (49), funcionaria púbica, divorciada y con un hijo. "Yo no voy a bailes, no salgo tanto a la calle. Y esta me pareció una forma bastante segura".

"Esta" es Badoo, otra aplicación para conocer gente, también filtrando por edad, sexo y distancia. Si bien hay otras apps con igual objetivo —Twoo, Meetic o Happn—, tanto Badoo (que supera los 200 millones de usuarios en todo el mundo) como Tinder (más de 50 millones) son las más populares en todas partes.

Patricia dice que filtró bastante antes de decidirse a conocer a una persona. Y en este mundo, la ortografía suele ser un filtro. Ella huyó aterrorizada cuando un aspirante a novio, ella no buscaba sexo casual, le escribió un "hamar". Es más que posible que todo aquel que alguna vez buceó por estos mundos virtuales se haya encontrado con un "ola", un "q isistes" o un "q ases". Este filtro es muy común, pero no es un factor unánimemente excluyente. "Yo he escuchado a gente que ante faltas de ortografías graves frena todo vínculo. Pero si vos escribís mal y el otro también, no habrá ningún problema", sostiene Balaguer.

En todo caso, Patricia también chateó mucho antes de animarse a conocer. Y del chat pasó al teléfono. "No es contactarse y conocerse". Sabe que en estos lugares es común que haya gente "que está para la rejoda". ¿Cómo hay que darse cuenta? "No es difícil, te van de frente y mano: te insisten mucho sobre determinados 'puntos' tuyos, si tuviste muchas parejas en tu vida, que tan ardiente sos...".

Ella buscó durante más de un mes en el que se vio con tres personas "con las que finalmente no hubo química", hasta que conoció a Alejandro (52). "Él resultó ser una persona seria, con mis mismos gustos. Teníamos en común que buscábamos lo mismo: algo serio, que luego derivaría o no en un amor". Por ahora, los seis primeros meses han resultado óptimos.

Patricia sabe que estas aplicaciones no tienen buena prensa. "Pero te puedo asegurar que la apreciación de la gente cambió con el tiempo. Antes sí estaría mal visto. Pero somos cuatro hermanas, y tres de nosotras conseguimos pareja por esta vía. ¡Y todas felices! ¡Incluso una de mis hermanas se casó!".

"En Badoo la tendencia es que se preste más para las relaciones casuales. En Tinder me da la impresión de que es más sencillo encontrarse con personas de gustos más similares", dice Balaguer. La sensación de los usuarios suele ser parecida. Yocelyn (33), enfermera de Las Piedras y usuaria de Badoo, se ríe cuando alguien pone en su perfil que no está para el touch & go. "Todos los que estamos acá, estamos para lo mismo", asegura, tajante. Tinder, en la que también se indica si hay amigos en común en Facebook, parece ofrecer otras seguridades.

"Estas aplicaciones nos convierten en objetos en algún punto, donde pueden evaluarnos nada más que por la imagen, si somos lindos o no, si somos obesos o delgados, si somos seductores o no. Al convertirnos en objetos, también nos convertimos en objetos de uso y nos desechan a la primera oportunidad en que no colmamos las expectativas del otro. Es como si hoy en día nadie tuviera paciencia, todo es consumo, hasta las relaciones. Ante el primer defecto, que todos tenemos, ya el otro no quiere saber nada contigo y se busca una nueva aventura", señala la psicóloga Mariana Alvez Guerra.

Si se quiere, los números avalan a los contras. En 2014, Sean Rad, cofundador de Tinder, dijo orgulloso a la BBC que gracias a esta aplicación, también calificada de revolucionaria, al menos 150 parejas se habían casado. En un universo de 50 millones de usuarios, y aún considerando que solo se refiere a matrimonios, es un número ínfimo. Más tomando en cuenta que por día se producen más de 25 millones de matches.

Balaguer, en cambio, sostiene que los mundos reales y virtuales no son tan distintos. "Hay gente que usa estas aplicaciones para hacer de pirata y gente que busca algo serio. A decir verdad, ¿eso no es lo mismo que pasa en un boliche?". Para este experto, se trata simplemente de una situación más para conocer personas, donde a quienes les costaba romper el hielo cara a cara se benefician con la posibilidad de apelar a la "labia" escrita, que un nuevo paradigma. "La gente no se va a quedar encerrada, va a seguir saliendo; es más, ¡se pueden generar más salidas, más posibilidades de ir a los lugares correctos! Esto es una previa que facilita encontrarte, porque lo presencial no es sustituible. Aún aquí lo que se busca es el encuentro real".

RIESGOS, SOLEDAD Y MIEDO A LO NUEVO

La licenciada Mariana Alvez Guerra, especializada en psicología positiva, es de las que creen que "es muy difícil" que el amor verdadero se encuentre en Internet. Lo que sí hay, dice, son "excepciones". Para ella, aunque apps como Tinder estén vinculados a perfiles de Facebook (que también pueden ser falsos), en estas hay una mayor libertad para crearse un personaje falso: soltero cuando se está casado, más joven de lo que dice la cédula, o más acaudalado de lo que refleja su cuenta bancaria. "Nunca sabés exactamente con quién estás hablando, porque incluso aunque veas a la persona en el mundo real, todas las mentiras que te dijeron las van a sostener por el tiempo que puedan, o hasta que se consiga el objetivo deseado, que muchas veces no es más que sexo. Sin duda, ahí hay otros códigos, te sentís más libre, sin tantas presiones, y caés en una ilusión de que el mundo es un gran buffet de personas que podés elegir a tu antojo".

Según Álvez Guerra, quienes se hacen un perfil en estas aplicaciones lo hacen movidos por un eje en común: la soledad. Sin embargo, Roberto Balaguer, también psicólogo y especializado en redes sociales, piensa que en realidad lo que hoy hay es un perfil de gente "que rechaza la participación" en este tipo de redes: "Se trata de individuos muy apegados a ciertas estructuras tradicionales para el primer conocimiento de una persona, que creen que esta nueva forma no es la correcta. En realidad, no tienen un argumento muy sólido...".

 

 

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Aceptar las emociones para ser feliz
02/Oct

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